domingo, 18 de febrero de 2018

Guadalupe y sus dibujos. Blog de Spaces.



Entre 2006 y 2010 aproximadamente tuve un blog en spaces " Sin título" , donde me animé a compartir por primera vez en internet mis dibujos y algo que escribía, pequeñas anécdotas sobre todo. Al principio tampoco circulaban las redes sociales como facebook, creo que llegué a tener una cuenta en Netlog. En Sin título recuerdo la buena onda de mis compañeros blogueros, y cómo disfrutaba leer sus posteos, donde interactuábamos en los comentarios. Algunos de Argentina, otros de Uruguay, España...los sentía muy cercanos, amigos.
Encontré este escrito de abajo, donde cuento algo sobre mi hija y una de sus pasiones a sus casi dos años. Me dio ternura volver a mirar  estas imágenes , ya inexistentes , o pensándolo mejor, existen bajo las nuevas capas de color como en un palimpsesto medieval.  Y también me dio " ternustalgia"   leer los comentarios al final, de personas que recuerdo siempre, sobre todo a Mimí y Sandra, que quizás no le dije, pero la idea que me dio en su comentario, la llevé a cabo: empecé a forrar las paredes con papeles afiches blancos y papel madera y con la Guada nos dimos la panzada por años dibujando , pintando, haciendo collages, en esos soportes. Hasta dibujó el papá ( que cree que nos sabe y le da pudor)

           A.C



 24 septiembre 

Guadalupe y sus dibujos


     Mi hija Guadalupe tiene  un año y diez meses, y por estos tiempos una de sus más placenteras actividades es: dibujar. Le dimos crayones y papeles de distintos tamaños, blocks, pizarras, pero sus soportes predilectos son las paredes y pisos, quizás hay una muralista en germen..¡ y yo coartándola!. Y sí, me doy cuenta que prefiere los muros porque no se mueven como el papel, son amplios y permiten dibujar de parada y encima con las dos manos. Pero le digo que no. Guadi: no en la pared, dibujá en el papel. Ella ya aprendió a decir papel: "pel" dice riendo. Sus momentos de clímax dibujístico son aquellos en que estoy cocinando ; entonces la miro y veo que está jugando plácidamente con sus chiches. Al rato vuelvo a mirarla y me encuentro con la visión de la pequeña  con un crayón en cada mano dibujando en el muro con movimientos que recuerdan a un director de orquesta en el momento de un molto vivace. La miro y se me dibuja una sonrisa porque el espectáculo es de una alegría contagiosa, pero rápidamente cambio el registro y voy hacia ella diciendo noooo, no Guadalupe, en el papelll. Ella se asusta primero y cuando ve que me acerco dibuja rápido mientras repite como letanía :no, no, no, acompañándolo con líneas netas como tajos. Me agacho, le doy un beso, un abrazo y le explico – medio culposa- que ahí tiene todos sus papeles para dibujar, pero claro, comparados con la pared blanca ¿qué placer da un papel?.
     Hace unos días me detuve un tiempo a ver las paredes de mi casa y se ve que cocino mucho o no sé en qué momentos habrá ocurrido, pero las paredes , el placard, espejos, muebles , tienen grandes y pequeños grafismos, y cuando vienen visitas  Guadalupe los lleva de la mano y los señala orgullosa: ete, ete , ete y señala con el dedito.
     Algunos ya los borré ante su mirada de sorpresa, sobre todo los de la heladera con Birome (salieron solo con goma de borrar) y ahora me queda el resto. Antes de hacerlo se me ocurrió tomarles unas fotografías y lo hice. Cuando me vio no dejaba de sonreír y señalarme unos inhóspitos, en zócalos, debajo de la mesa, sillas. Registré casi todo, parecía una pericia.
     Ahora se me ocurrió forrar una mesita baja con papel  afirmado con cinta adhesiva y veremos qué pasa. Igualmente creo que las paredes ya las dejó porque quedaron todas ocupadas y siempre busca superficies nuevas.


















































































     Cuando escribo esto obviamente me acuerdo de la canción de Víctor Heredia: Dulce Daniela “anda pintando toda la casa con trozos de crayón, rojo a los muros, verde al oscuro sillón del comedor…” . Y también de Galeano :
     
     En las profundidades de una cueva del río Pinturas, un cazador estampó en la piedra su mano roja de sangre. Él dejó su mano ahí, en alguna tregua entre la urgencia de matar y el pánico de morir. Y algún tiempo después, otro cazador imprimió junto a esa mano su propia mano negra de tizne. Y luego otros cazadores fueron dejando en la piedra las huellas de sus manos empapadas en colores que venían de la sangre y de las cenizas, de la tierra, de las flores.
      Trece mil  años después , cerquita del río Pinturas, en la ciudad de Perito Moreno , alguien escribe en una pared: Yo estuve aquí.
 
              
                                              
 
                                   Guadalupe estuvo ahí 


      

09:36 a.m. | Agregar al blog | Anécdotas

Comentarios (5)

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Imagen de Mimi B...allenita
Imagen de Mimi B...allenita
Me reí mucho con esta historia, yo tuve una época así
Como todas mis obras de arte desaparecían al  día siguiente busqué un sitio nuevo: ¡¡¡ la puerta del trastero!!!
Ahora pienso en mi madre, la pobre, jajjaja.
Un abrazo, preciosa.
13 Oct | Eliminar
Imagen de delia
Imagen de delia
deliaescribió:
Que tierna  y sabia tu entrada...el embeleso por los primeros dibujos de los chicos se
repite una y otra vez;  yo disfruté con los de mis hijos, los guardaba, los miraba con
deleite y aún hoy los conservo....y sigo con el mismo amor atesorando los de mis nietos
...claro que con tantos cambios que ya de estampar la mano en las paredes hemos pasado
a exhibirlos en la  webb, jajaja.......Te invito a mi espacio y abras el album de Juan, la mi
rada de la inocencia,allí están los de mi nieto menor, 5 años, que por supuesto se mueve 
 por el paint con una soltura que me da envidia...
Un abrazo.
Delia.
24 Sep | Eliminar
Imagen de Normis .
Imagen de Normis .
i
Normis .escribió:
Jajajaja me encanta la artista de la casa , y se de que se trata , en casa anduvo una parecida en las paredes tambien , jajjaja
 un abrazo y  a tener paciencia , jajjaja
Normis
24 Sep | Eliminar
Imagen de Sandra S.
Imagen de Sandra S.
i
Sandra S.escribió:

Por Dios!! Que ternura mas grande!! Mientras te leía se me iba poniendo la piel de gallina!! Será que una ya está vieja y ve esas cosas de otra manera. Cuando mi nieto raya algo me mato de risa ante los gritos de mi mamá. Me pongo en lugar de Guada y me la imagino orgullosa haciendo sus pequeñitas obras de arte y también imagino su frustración cuando ve que desaparecen bajo el trapo de limpiar de la mamá. Pero tambien me pongo en tu lugar e imagino que no querrás tener la casa llena de grafitis y se me ocurrieron un par de ideas. Todo lo que sea lavable que sea dibujable y lo que no, conseguite grandes trozos de papel como esos que usan para envolver y tapizá algunas paredes con ellos y explicale que asi, despues pueden despegarlo y guardarlos para siempre. Ella entenderá y de a poco dejará de dibujar donde no debe. Recuerdo que una vez leí que cuando hay bebes en la casa, esta se divide en 3 partes. Hasta los 80 cm la casa es del bebé, de los 80 cm hasta 1,80 m. es de los adultos y de ahi para arriba de las arañas y otros insectos.

Suerte y dale un besote inmenso a Guadalupe, y decile que en algun lugar hay una señora que la admira por no claudicar a sus sueños de pintora!!

Un abrazote y gracias por compartir tanta ternura!!

24 Sep | Eliminar
Imagen de ANGELIKL
Imagen de ANGELIKL
i
ANGELIKLescribió:
jajajjaj Vive pintando toda la casa, con trozos de crayón...Hermosa edad, hermosa decoración d paredes y hermosa ella por su imaginación.Me alegra tu felicidad cielo.Les dejo un besito para ambas.
24 Sep | Eliminar












miércoles, 24 de enero de 2018

Recuerdo de hombres




                                   
                                Lascivia, no la Silvia eh





sábado, 20 de enero de 2018

Auspiciantes




Si me auspiciara Grolsch
sería más plena
más abierta
más amable
más amante
que 
cuando lo hace
Gador.
Mi meta
es:
 no tener
auspiciantes.


     B.J

lunes, 15 de enero de 2018

La mujer del cierre bajo...o cuando pienso demasiado... o...el infierno son los otros.




                                           

                                        

   En mi libretita de ideas anterior – que estaba en la cartera que me robaron en abril- estaba marcada como pendiente para escribir una anécdota: la señora del cierre, o la de la plaza, o la vieja del cierre, aunque reprimo siempre decir vieja a una mujer de unos cuantos años, al menos públicamente, bah en casa sí a veces mando una frase de ese tenor, pero tengo que estar enojada o con el ánimo alterado. Será porque una vez murmuraron de mí “vieja"…seguido de una grosería, y lo oí, y me dio como un latigazo la frase, sobre todo porque tenía 34 años, y a pesar de que la frase venía de labios de un nene de nueve años, para el que seguramente era una vieja. Podría titular: la viejita del cierre, y así combinamos sus muchos años con la ternura del diminutivo, ternura quizás injustificada porque quién no me asegura que fuera una vieja de mierda: justo la que me dijo aquél nene y no había decidido contar, ahora ya está. Sí, me había dicho vieja de mierda, pero esa es otra historia que ya conté varias veces y creo que ahora no tiene sentido, al menos por ahora, salvo que algún día me anime a contar esa larga historia que título para abreviar: La Comunidad, nombre que tomé prestado del film de ese nombre dirigido por Alex de la Iglesia y que vi de casualidad en la tv en medio de una serie de sucesos que enseguida se aglutinaron cómodamente bajo ese título. Veo también que pienso mucho en los títulos. Mi anterior blog se llamaba Sin título, lo pensé en relación a las obras de arte nombradas así, y a la vez me daba libertad para publicar lo que me venía en ganas sin pensar que no era adecuado para ese espacio. Volviendo a lo de vieja, hace poco me lo gritaron putéandome con  desesperación.. Fue un conductor, del que sólo conocí la voz, porque pasó rápido cuando yo bajaba del cordón viniendo del chino, seguramente se asustó porque debo haber bajado muy jugada, la verdad no sentí ningún peligro, ni me di cuenta, pero al instante escuché ¡Vieja... y la puteada y vi un brazo gesticulando fuera del auto, todo esto cuando ya pasaba la otra esquina. Entonces, al instante de darme cuenta que las frases eran para mí grité lo más alto que pude: ¡¿qué te pasa pelotudo?! Sintiendo una inyección instantánea de adrenalina- quizás por miedo a que detenga su auto y me venga a pegar- que me dio risa nerviosa y a la vez liberadora. Obviamente al llegar a casa pensé: ¿en jogineta y todo doy tan vieja?y bue, ya tengo tantos años… y me sonreí viajando en el tiempo y pensando el acoso callejero que viví hasta los cuarenta más o menos, y ahora me putean, parece que el varón siempre se tiene que expresar; ahora ya casi ningún hombre me dice “piropos”, salvo un chau de un desconocido, un guiño, una frase tranquila, o como el  beso gestual dado por un taxista jovato una tarde de lluvia en Olivera, y cuyo recuerdo me provoca una sonrisa cómica. Yo tenía unos 45 años, iba a almorzar a lo de mi suegra, justo al bajar del colectivo comienza a llover, y no llevaba paraguas. Me quedaban unas diez cuadras por caminar, dudaba si tomarme un taxi, cuando veo uno detenido en el semáforo. Veo que el taxista me mira y en un gesto muy empalagoso, con caída de ojos y todo, se besa el índice y sopla ese besito invisible a mí. Mientras se abre el semáforo y los autos, entre ellos el taxi en cuestión, avanzan, me surge una carcajada y camino rauda a lo de mi suegra. Pensaba al caminar que hacía tiempo venía disfrutando la invisibilidad masculina por las calles, albañiles incluidos, y bue, el taxista me sorprendió. Y no puedo avanzar sin darle lugar a otro breve recuerdo que se encadena a lo dicho, con respecto a los albañiles: un día, venía del trabajo, y llegando a casa, había una obra, un albañil entraba unos materiales y otro montado en la caja de un camión descargaba otros. Por instinto dudé ¿paso por ahí? Recordando las veces que crucé calles en mi vida esquivando las obras. Me reí pensando que ya no había peligro. Recuerdo que tenía una remera gris claro con flores blancas que me quedaba un poco ajustada y que ahora todavía veo en casa hecha trapos para limpiar pinceles. Paso y el albañil que estaba en la vereda le grita al otro: ¡pará, que pase la señorita! Disimulé una sonrisa, que dudaba en transmitir o no en agradecimiento a cuidar que no me caiga nadie encima, y además me había dicho señorita, jaja. Todo venía bien, hasta que el otro desde el camión, que ya había visto que me había relojeado antes de pasar, grita: - dejo pasar a la vaca. Ésto escucho al dejarlos atrás. Como me pasó con el que me gritó cuando venía del chino, me enfurecí al instante, pero no dije nada, sólo apuré el paso sonrojada y gritando en mi mente y susurrando improperios y toda una serie de frases xenófobas, entre ellas la más leve era:¡ volvete a tu país!, lo que agregó combustible a mi malestar , digo esto de ver que frases puedo articular en un momento de ira. Empecé a pensar que mi sobrepeso era leve, al tiempo que me contestaba que una mujer gorda tampoco tenía que ser llamada así, vaca, y encima la culpa me hacía sentirme mala de pensar que al pobre animal que comemos y antes maltratamos, siendo tan manso y en India venerado, pero yo no estaba en India y que me griten vaca me aguijoneaba el ánimo, y encima no había sacado algo de este enojo al exterior, recién lo conté en terapia a los gritos, porque si lo compartía a mi marido, tenía miedo de ver qué me hubiera respondido, o qué efecto tendría. Como mis eternas dietas nunca mostraban mucho cambio, terminé por no sacar más la remera de flores a la calle.
   Punto aparte, volvamos a la anécdota de la señora y el cierre, que en este instante se empieza a dibujar de nuevo en la memoria. Había ido en febrero a caminar a la plaza de mañana, donde suelo caminar a paso vivo, lo más rápido posible y las ideas pasan , revolotean , languidecen, aparecen otras, dicen que es por las endorfinas. En la segunda vuelta veo a la distancia una pareja de viejitos caminando lento por el camino de baldosas, el mismo que lejos todavía y de frente a sus espaldas, recorro yo. Cuando me voy acercando, veo que ella tiene el vestido con el cierre totalmente bajo, se le ve la tira horizontal del corpiño y medias o la bombacha alta. El botón de arriba al comienzo del cierre está cerrado, entonces la abertura deja ver lo que dije. Obvio que se olvidó de subirlo pienso. Me voy acercando, dejando las ideas que transitaba pendientes, y ya debatiéndome qué hacer cuando esté cerca de la pareja, todavía faltan unos cuantos metros porque ellos también caminan y ya saben ustedes que tantas cosas pueden suceder en segundos, sobre todo en la mente. Al ver la pareja dudo en qué hacer , si avisarle a la mujer o no, me debato porque se me desparrama un arco de ideas de cómo interpretar el hecho, primero pienso desde un costado moral, que está mal dejar a la mujer sin avisarle, también pienso qué pasaría si yo fuera esa mujer, y en ese momento pienso que quizás ni me importaría, pero gana la idea de avisarle y cuando me voy acercando, me asalta otra idea: ¿y si ya sabe que su vestido tiene el cierre roto y no lo sabe arreglar y no tiene dinero para cambiarlo? Y ¿si yo le aviso y la incomodo? Y ¿si le aviso y me dice que se dio cuenta , y que ya se va a su casa, me agradece pero se avergüenza? y ¿si le digo y me dice que está a su aire, que no sea tan purista o hasta puritana? Pienso todo esto y en pleno torbellino tomo insegura la decisión de pasarlos como alambre caído, cuando - ni bien lo hago- escucho el siguiente diálogo comenzado por la voz de una señora que balbucea algo del cierre, a lo que le responde otra con un excitado ¡¡¡Gracias!!!, se ríen , detenidos y hablando los tres, esa imagen me queda de verlos – dándome vuelta al fin- en el momento en que una mujer le está subiendo el cierre a la señora. Pienso al retomar la caminata que la originalidad es atractiva, la frondosidad de ideas embriaga, pero qué útil es a veces el sentido común. Y ahora, que tengo que titular el escrito, le pongo todo eso que palpita entre las palabras.


                                                               A.C


domingo, 14 de enero de 2018

Ninguna era conocida nuestra


Leemos El cuento de la criada, de Margaret Atwood:

"Pero vivíamos como siempre. Todo el mundo lo hace, la mayor parte del tiempo. Pase lo que pase, es como siempre. Hasta esto, ahora, es como siempre.
Vivíamos pasando por alto, como siempre. Pasar por alto no es lo mismo que ignorar, requiere un esfuerzo.
Ningún cambio es instantáneo: si te agregan agua cada vez más caliente en la bañera, podés morir hervida antes de que te des cuenta. Y había noticias en los diarios, por supuesto, había cuerpos, en las cunetas o en el bosque, apaleados hasta morir o mutilados —abusados, como decían—, pero esos cuerpos eran los de otras mujeres. Y los hombres que hacían esas cosas eran otros hombres. Ninguno era conocido nuestro. Para nosotras las noticias del diario eran como sueños, pesadillas que soñaban otras. 
Qué terrible, decíamos. Y sí, eran terribles pero no creíbles. Eran demasiado melodramáticas, tenían una dimensión que no era la de nuestras vidas. Nosotras éramos gente que no salía en los diarios. Vivíamos en los espacios en blanco al margen de lo impreso. Eso nos daba más libertad.
Vivíamos entre las líneas de las noticias".







La novela de Atwood , que se hizo una serie muy exitosa, es una distopía en un futuro cercano donde las mujeres dejan de tener las libertades adquiridas hasta el momento, en un régimen represivo donde la maternidad subrogada es la regla. Y el paso a ese régimen se da lentamente, de manera que la población se va acostumbrando también muy lentamente, por ejemplo, a la cada vez más alta tasa de femicidios.

A veces, las muertas son conocidas nuestras. Y tomamos dimensión de los hechos concretos. Es una de nosotras. No es una pesadilla que sueñan otras. 
Ya no oiremos tus dulces risas en sala de profesores, dulce Gisel.





DC

viernes, 12 de enero de 2018

Instrucciones para maquillar el llanto nocturno



                                                                                         

   La asimetría de las protuberancias, bolsitas y arrugas temporarias, puede ser corregida con delineador negro, en un trazo modulado, más bien grueso. Y siempre observando la relación entre ambos ojos. Quizás uno esté más cerrado, abultado como hongo cabeza de mono, pero en miniatura.
   Si le quedan ganas de seguir llorando y tiene que salir (para trabajar o lo que sea) puede recurrir a: La memoria emotiva, buscando velozmente en la memoria una o más situaciones que usted sabe, la hicieron reír mucho: como una caída sin consecuencias graves, o algún gag accidental en una fiesta, entre otras, y revívalas, recordando los detalles con minuciosidad.
   Si no es suficiente, o si no tiene buena memoria, o si nada la hizo reír tanto en la vida, o si la tristeza nubla el recuerdo, le propongo un juego (Leer sólo los que aman jugar, y / o competir, y/o tuvieron una niñez con muchos momentos de diversión) Piense que vuelve a ser niña: se lo tiene que creer prácticamente, no al borde de la psicosis, sino en un “como sí” teatral. Sienta, vivencie, que empieza a participar de una competencia con otros niños. Busque en el arcón de pandora a niños con los que den ganas competir, me entiende, porque si no puede que usted lo deje ganar y fracasa el intento. Aunque vaya en colectivo, caminando por la calle, manejando algo: desdóblese y véase de niña en una ronda con otros niños. La idea es que usted juegue a competir a quién aguanta las lágrimas, quién no derrama ni una. ¿Se acuerda que estaba el juego típico de aguantar la risa? Éste sería con lágrimas. Sí, suena descabellado porque justo no van a coincidir varios niños con ganas de llorar al mismo tiempo, salvo que – entre tantas eventualidades- se encuentren en un velatorio de un ser querido, o que se les haya incendiado la cuadra donde viven como vecinos y perdieron todo, o que un nefasto escuadrón anticanino acaba de matar a sus mascotas. Elija, o cree – si lo necesita- la motivación de las ganas de llorar; y después, con o sin ellas, sumérjase en el juego. Y vaya por la ciudad resistiendo las lágrimas en ese ideal juego en que le da una mano su niñez.
   Si no funciona nada de esto, porque cree que son pavadas, pero no quiere llorar por la calle, porque se le corre el maquillaje, o porque teme llamar la atención, no quedará otra que aconsejarle que se entregue al llanto. No tema vivir la sensación similar de estar desnudo frente a una multitud cuando no se lo desea por nada del mundo, multitud que la mira perpleja, burlona o vaya a saber con qué variadas percepciones. No. Va a comprobar algo, o muchas cosas. Según estadísticas propias, lo más probable es que nadie la mire, y si la ven llorando- a no ser que lo haga a los gritos (y sobre el particular carecemos de estadísticas)- nadie le preguntará nada. Así es la ciudad en un día ordinario como hoy. Entonces, vuelvo a sugerirle que se entregue al llanto, no olvidando llevar pañuelos descartables, toallitas desmaquillantes, espejo, para lo que debe elegir la cartera adecuada. También obviamente es muy útil llevar anteojos de sol, que ocultarán la hinchazón y cuidarán a sus ojos -sensibilizados por la irritación- del sol. Si usa lentes para miopía, es imposible calzar sobre ellos los de sol. Elija qué privilegiar: el alcance de su mirada, u ocular el llanto o sus estragos. Nuevamente recuerde que lo más probable es que no llame la atención de nadie de manera especial. Tranquila. Es sólo un llanto, no es eructar o cosas inapropiadas. Lo que puedan pensar de usted es tan variado, que no le conviene imaginarlo, salvo para distraerse. Temer mostrarse como una niña asustada siendo adulta, o débil, o loca, tampoco tiene tanto sentido. Todo eso está en su cabeza.
   Si tiene que interactuar con otras personas, y ocurre que le ven los ojos como hongos cabeza de mono, puede decir – según el grado de intimidad con el interlocutor- que tiene conjuntivitis ( si es obsesiva antes busque en internet síntomas, tratamiento, nombre del medicamento, por si le preguntan), o rinitis estacional o crónica, o que comió con mucha sal anoche y que encima tomó un poco más de alcohol de lo habitual y – si tiene mucha confianza con quien conversa-: agregue que se está por indisponer ( sí, todavía le viene), y bueno, que todo eso le produjo retención de líquidos y explota en los párpados. Si mientras desgrana estos argumentos u otros de su creación, le brotan las empecinadas lágrimas y se lo señalan (porque algunos las verán y ni mú, pero otros…) muéstrese sorprendida, acompañando el gesto con alguna frase de ascensor: - ¡qué cosa rara! No sé, rarísimo…algún virus, y alguna tosecita y cambia de tema o se calla, porque seguro algo le van a decir (seguramente anécdotas escabrosas de cuadros virales)
   Si, en cambio, se encuentra con un amigo o un alma afín, o un alma libre (o alguien, porque quizás no crea en el alma), dígale lo que ocurrió:
    - lloré toda la noche.
Lo más probable es que le pregunten por qué. Sobre cómo actuar en ese caso, lo dejo a su criterio. Si no tiene amigos, o terapeuta, nadie en que confiar intimidades digamos, vaya a su diario íntimo y escriba allí lo de lloré toda la noche. Si vive acompañada, y teme que alguien lea esta catarsis, invéntese una escritura – de paso juega un poco- estableciendo un signo para cada letra del alfabeto, y ahí se despacha. Sugerencias: para la letra A ponga más de un signo, para la R y la S también, porque son las que busca primero un eventual decodificador , ya que son las que más se repiten. Este método de la escritura tiene algunos problemas, tiene que esconder también la tabla de equivalencias, o memorizarla, lo que es muy complejo si no la ejercita- y vio que con aceleración de la vida cotidiana actual es complicado, aunque no imposible. Otro problema es que releer lo que escribió es arduo.


                        Andrea Cacho. Dibu de los 12 años con escritura inventada
                                            

   Si desestima este método porque lo ve intrincado, infantil o lo que sea, le recomiendo la catarsis escrita simulando ser la crónica de una película poco conocida, o una novela que leyó o le contaron. En este caso cuenta en su diario la impresión del film o novela, y se desnuda, diciendo por ejemplo: Una vez con la cabeza en la almohada, la mujer no podía dejar de llorar, y una catarata de pesares peleaban por adueñarse de ese llanto…y ahí cuenta los motivos; y para despistar concluye su opinión sobre la obra, si demasiado melodramática, si banal, lo que se le ocurra, de paso se analiza. Si la escritura tipo jeroglífico o la falsa crónica no le interesan como recurso, y si anida en usted la vena poética, le sugiero escribir unos versos, un poema con retazos de las sensaciones, verá que es más fácil al no ser necesariamente narrativo, contar. Por ejemplo, puede incluir versos como:

“...la tristeza
 me divide el pecho 
 y en la zanja no hay renacuajos…”

   Sólo usted sabe, querida, que en esa zanja llena de lluvia de su niñez, había renacuajos y adoraba jugar con ellos embelesada por el interés y el asombro de su aspecto. Intentar atraparlos, sentir cómo se escurren entre los dedos, es una sensación que siempre la acompañará.
Si no se le da por la poesía, y le gusta dibujar, haga un dibujo. Lo puede hacer en su diario o fuera de él, sí, en una hoja grande. Si lo desea tome un espejo para captar una expresión con la que sintonice. Y derrame sus lágrimas. Si después lo muestra, y le preguntan por qué esa mujer llora, responda lo que desee.




                                                                                                      Andrea Cacho




   Si, tomando alguna de estas estrategias, las lágrimas quieren asomar esa mañana en que usted tiene que salir por la ciudad, tome unas hojas de resma, escriba todos los motivos que cree motivaron el llanto nocturno, luego queme los papeles. Si es complicado por el tipo de vivienda donde vive , o porque teme se le reactive cierto rasgo piromaníaco que la visitó en su juventud, desestime este método.
   Por último sólo me queda aconsejarle que tome esas hojas de resma, una lapicera que escriba rápido y, mientras las lágrimas están por rodar y le queda todavía un rato antes de salir, escriba algo que le gustaría leer en esos momentos, como  unas Instrucciones para maquillar el llanto nocturno. Escriba bajo ese título todos los consejos que le vengan en mente. Si tiene un blog en el que publica, súbalo, puede ayudar a alguien más, si alguien lo lee. Un poco de humor puede hacer nacer un sol que aliviane:“…ese peso húmedo que sale por los ojos.”

                                                                          
                                                                               A.C




domingo, 31 de diciembre de 2017

31 de diciembre




                                                       La fiesta está en otra parte. Andrea Cacho
                                                                           

Siempre estaba la fiesta,
esa a la que no me invitaban.
Sabía que transcurría en otra parte.
Se filtraban voces
y un sonido
como una cinta continua de música
a lo lejos, muy lejos.
Y me dolía la oreja
de estar aplastada contra la almohada
mientras esperaba quieta el sueño.
No hacía falta cerrar los ojos,
se veía siempre negro.

Hoy es 31
las fiestas se expandirán.
Pero ahora es distinto.

Con o sin tristeza,
puedo llevar la fiesta
adonde vaya.


                         A.C

miércoles, 27 de diciembre de 2017

controll





                                                                                                        AC