sábado, 14 de abril de 2018

Capturas







Ésta es una de las primeras fotos con una cámara que compré en 2016, cuando accedí a una mejora en la tecnología ,ya que tenía una compacta que sacaba genial , pero con poco alcance del zoom. La nueva vino con un zoom poderoso. Tenía la cámara en la mano, en Areco, mirando para todas partes para elegir un motivo. Activé el zoom , que era lo más destacado del aparato, esa una ventana indiscreta  que busca registrar algo que de otra manera no podría registrar , una especie de telescopio a escala humana. Indiscreta porque lo enfocado no se entera de que prácticamente estamos respirando su respiración o sintiendo en sinestesia su temperatura. Enfoqué primero el árbol,  y con el zoom me metí adentro, entre ramas enroscadas como víboras enroscadas, y ahí vi al gorrión, y como entrando en un túnel me acerqué lo máximo que me permitía la cámara. Un sólo disparo, pero de este mágico disparo que no lastima, sino que captura lo que ya no será. Encontrarme con el movimiento del pájaro, elegir esa décima de segundo del click y ahí quedó. De chica cazaba palomas y después las soltaba, una vez cayó en la jaula un gorrión, eran muy rápidos y atraparlos era imposible. Lo tuve en la mano, apretando lo suficiente para no sofocarlo ,pero no tan poco para permitir su escape. Los latidos del pajarito me daban golpecitos en la mano. Enseguida lo solté, impresionada también por lo delgado que había resultado debajo de su plumaje. Y en mi arcón de sensaciones que dormita en los pliegues de la mente quedó la sensación del gorrión en mi mano, su suavidad, calor y movimientos, sus ojitos oscuros. Cuando la mirada del obturador bajó su párpado , y se produjo la  captura - que ahora era virtual-  al ver la imagen, la tapa del arcón se destapó de una,  y me encontré animando esa imagen con los fantasmas liberados.
                                                                   
                                                                                           A.C

lunes, 9 de abril de 2018

Nella fermata







             Qualche volte non ti senti così?
                     Ci sono poesie dappertutto
                     
                                    La Beatrice
                      

                    
                   
                     En la parada


                     A veces no te sentís así?
                     Hay poemas por todas partes



miércoles, 28 de marzo de 2018

Sororidad









                                                                                            M.H






11 de noviembre




Estoy en el aula,
voy a colgar en la pared
un gran mandala
a medio hacer.
Al abrir el rollo
se despliega una trama
de colores y formas.
Al lado está el reloj,
epitafio del tiempo.
No quiero leer contingencias
como señales,
como mensajes de algo.
También podría decir
Que los ventiladores,
girando tan lento
me recuerdan a Casablanca
ese dispositivo del llanto,
Y así seguir.
Quiero hablar del presente
pero
No hay poesía en las cosas,
y quizás tampoco
en esta mirada
que insiste en buscar
de dónde salen los versos.
Miro el reloj
Marca las 9 45 hs,
Pero son las 1430
El reloj juega con la muerte
y el mandala parece girar,
liberado de intenciones.

              A.C





domingo, 11 de marzo de 2018

No es tener sexo lo que cuenta... Marguerite Duras.



Encontramos esta brillante reflexión de la escritora en el   blog " Un alma navegante"  (http://unalmanavegante.blogspot.com.ar/ )  que de paso recomendamos.



Un alma navegante: No es tener sexo lo que cuenta..., Marguerite Dura...: "No es tener sexo lo que cuenta, sino tener deseo. Hay demasiada gente que tiene sexo sin deseo. Todas esas mujeres escritoras...




jueves, 8 de marzo de 2018

8 de marzo








Después de tantos años
de imaginarlo
llegó el momento de ver que mis
experiencias cotidianas
de vivir el ser mujer
como un acto casi heroico
son comunes a tantas,
con sus variados matices.
Hoy es el día
en que muchas mujeres
estirarán las manos
para hacer una ronda gigante
que centrifugue y expanda
sus voces poderosas.
Coincide en que hoy
tengo una tristeza
Galopante
y estoy en pleno duelo
de máscaras.
Una voz muy débil
entre el manojo
que me rumea en la cabeza
me dice que hoy es el día
que soñé.
Que reúna un poco de fuerzas,
de algún lado
Y vaya a gritar
A las calles
Que se enciende la mecha,
Y la chispa imparable
pueda dibujar de nuevo el mundo.
Cuidemos el cuerpo
para la revolución.

              B.J


domingo, 18 de febrero de 2018

Guadalupe y sus dibujos. Blog de Spaces.



Entre 2006 y 2010 aproximadamente tuve un blog en spaces " Sin título" , donde me animé a compartir por primera vez en internet mis dibujos y algo que escribía, pequeñas anécdotas sobre todo. Al principio tampoco circulaban las redes sociales como facebook, creo que llegué a tener una cuenta en Netlog. En Sin título recuerdo la buena onda de mis compañeros blogueros, y cómo disfrutaba leer sus posteos, donde interactuábamos en los comentarios. Algunos de Argentina, otros de Uruguay, España...los sentía muy cercanos, amigos.
Encontré este escrito de abajo, donde cuento algo sobre mi hija y una de sus pasiones a sus casi dos años. Me dio ternura volver a mirar  estas imágenes , ya inexistentes , o pensándolo mejor, existen bajo las nuevas capas de color como en un palimpsesto medieval.  Y también me dio " ternustalgia"   leer los comentarios al final, de personas que recuerdo siempre, sobre todo a Mimí y Sandra, que quizás no le dije, pero la idea que me dio en su comentario, la llevé a cabo: empecé a forrar las paredes con papeles afiches blancos y papel madera y con la Guada nos dimos la panzada por años dibujando , pintando, haciendo collages, en esos soportes. Hasta dibujó el papá ( que cree que nos sabe y le da pudor)

           A.C



 24 septiembre 

Guadalupe y sus dibujos


     Mi hija Guadalupe tiene  un año y diez meses, y por estos tiempos una de sus más placenteras actividades es: dibujar. Le dimos crayones y papeles de distintos tamaños, blocks, pizarras, pero sus soportes predilectos son las paredes y pisos, quizás hay una muralista en germen..¡ y yo coartándola!. Y sí, me doy cuenta que prefiere los muros porque no se mueven como el papel, son amplios y permiten dibujar de parada y encima con las dos manos. Pero le digo que no. Guadi: no en la pared, dibujá en el papel. Ella ya aprendió a decir papel: "pel" dice riendo. Sus momentos de clímax dibujístico son aquellos en que estoy cocinando ; entonces la miro y veo que está jugando plácidamente con sus chiches. Al rato vuelvo a mirarla y me encuentro con la visión de la pequeña  con un crayón en cada mano dibujando en el muro con movimientos que recuerdan a un director de orquesta en el momento de un molto vivace. La miro y se me dibuja una sonrisa porque el espectáculo es de una alegría contagiosa, pero rápidamente cambio el registro y voy hacia ella diciendo noooo, no Guadalupe, en el papelll. Ella se asusta primero y cuando ve que me acerco dibuja rápido mientras repite como letanía :no, no, no, acompañándolo con líneas netas como tajos. Me agacho, le doy un beso, un abrazo y le explico – medio culposa- que ahí tiene todos sus papeles para dibujar, pero claro, comparados con la pared blanca ¿qué placer da un papel?.
     Hace unos días me detuve un tiempo a ver las paredes de mi casa y se ve que cocino mucho o no sé en qué momentos habrá ocurrido, pero las paredes , el placard, espejos, muebles , tienen grandes y pequeños grafismos, y cuando vienen visitas  Guadalupe los lleva de la mano y los señala orgullosa: ete, ete , ete y señala con el dedito.
     Algunos ya los borré ante su mirada de sorpresa, sobre todo los de la heladera con Birome (salieron solo con goma de borrar) y ahora me queda el resto. Antes de hacerlo se me ocurrió tomarles unas fotografías y lo hice. Cuando me vio no dejaba de sonreír y señalarme unos inhóspitos, en zócalos, debajo de la mesa, sillas. Registré casi todo, parecía una pericia.
     Ahora se me ocurrió forrar una mesita baja con papel  afirmado con cinta adhesiva y veremos qué pasa. Igualmente creo que las paredes ya las dejó porque quedaron todas ocupadas y siempre busca superficies nuevas.


















































































     Cuando escribo esto obviamente me acuerdo de la canción de Víctor Heredia: Dulce Daniela “anda pintando toda la casa con trozos de crayón, rojo a los muros, verde al oscuro sillón del comedor…” . Y también de Galeano :
     
     En las profundidades de una cueva del río Pinturas, un cazador estampó en la piedra su mano roja de sangre. Él dejó su mano ahí, en alguna tregua entre la urgencia de matar y el pánico de morir. Y algún tiempo después, otro cazador imprimió junto a esa mano su propia mano negra de tizne. Y luego otros cazadores fueron dejando en la piedra las huellas de sus manos empapadas en colores que venían de la sangre y de las cenizas, de la tierra, de las flores.
      Trece mil  años después , cerquita del río Pinturas, en la ciudad de Perito Moreno , alguien escribe en una pared: Yo estuve aquí.
 
              
                                              
 
                                   Guadalupe estuvo ahí 


      

09:36 a.m. | Agregar al blog | Anécdotas

Comentarios (5)

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Imagen de Mimi B...allenita
Imagen de Mimi B...allenita
Me reí mucho con esta historia, yo tuve una época así
Como todas mis obras de arte desaparecían al  día siguiente busqué un sitio nuevo: ¡¡¡ la puerta del trastero!!!
Ahora pienso en mi madre, la pobre, jajjaja.
Un abrazo, preciosa.
13 Oct | Eliminar
Imagen de delia
Imagen de delia
deliaescribió:
Que tierna  y sabia tu entrada...el embeleso por los primeros dibujos de los chicos se
repite una y otra vez;  yo disfruté con los de mis hijos, los guardaba, los miraba con
deleite y aún hoy los conservo....y sigo con el mismo amor atesorando los de mis nietos
...claro que con tantos cambios que ya de estampar la mano en las paredes hemos pasado
a exhibirlos en la  webb, jajaja.......Te invito a mi espacio y abras el album de Juan, la mi
rada de la inocencia,allí están los de mi nieto menor, 5 años, que por supuesto se mueve 
 por el paint con una soltura que me da envidia...
Un abrazo.
Delia.
24 Sep | Eliminar
Imagen de Normis .
Imagen de Normis .
i
Normis .escribió:
Jajajaja me encanta la artista de la casa , y se de que se trata , en casa anduvo una parecida en las paredes tambien , jajjaja
 un abrazo y  a tener paciencia , jajjaja
Normis
24 Sep | Eliminar
Imagen de Sandra S.
Imagen de Sandra S.
i
Sandra S.escribió:

Por Dios!! Que ternura mas grande!! Mientras te leía se me iba poniendo la piel de gallina!! Será que una ya está vieja y ve esas cosas de otra manera. Cuando mi nieto raya algo me mato de risa ante los gritos de mi mamá. Me pongo en lugar de Guada y me la imagino orgullosa haciendo sus pequeñitas obras de arte y también imagino su frustración cuando ve que desaparecen bajo el trapo de limpiar de la mamá. Pero tambien me pongo en tu lugar e imagino que no querrás tener la casa llena de grafitis y se me ocurrieron un par de ideas. Todo lo que sea lavable que sea dibujable y lo que no, conseguite grandes trozos de papel como esos que usan para envolver y tapizá algunas paredes con ellos y explicale que asi, despues pueden despegarlo y guardarlos para siempre. Ella entenderá y de a poco dejará de dibujar donde no debe. Recuerdo que una vez leí que cuando hay bebes en la casa, esta se divide en 3 partes. Hasta los 80 cm la casa es del bebé, de los 80 cm hasta 1,80 m. es de los adultos y de ahi para arriba de las arañas y otros insectos.

Suerte y dale un besote inmenso a Guadalupe, y decile que en algun lugar hay una señora que la admira por no claudicar a sus sueños de pintora!!

Un abrazote y gracias por compartir tanta ternura!!

24 Sep | Eliminar
Imagen de ANGELIKL
Imagen de ANGELIKL
i
ANGELIKLescribió:
jajajjaj Vive pintando toda la casa, con trozos de crayón...Hermosa edad, hermosa decoración d paredes y hermosa ella por su imaginación.Me alegra tu felicidad cielo.Les dejo un besito para ambas.
24 Sep | Eliminar












miércoles, 24 de enero de 2018

Recuerdo de hombres





                                   
                             
                                 Lascivia, no la Silvia eh





sábado, 20 de enero de 2018

Auspiciantes




Si me auspiciara Grolsch
sería más plena
más abierta
más amable
más amante
que 
cuando lo hace
Gador.
Mi meta
es:
 no tener
auspiciantes.


     B.J

lunes, 15 de enero de 2018

La mujer del cierre bajo...o cuando pienso demasiado... o...el infierno son los otros.




                                           

                                        

   En mi libretita de ideas anterior – que estaba en la cartera que me robaron en abril- estaba marcada como pendiente para escribir una anécdota: la señora del cierre, o la de la plaza, o la vieja del cierre, aunque reprimo siempre decir vieja a una mujer de unos cuantos años, al menos públicamente, bah en casa sí a veces mando una frase de ese tenor, pero tengo que estar enojada o con el ánimo alterado. Será porque una vez murmuraron de mí “vieja"…seguido de una grosería, y lo oí, y me dio como un latigazo la frase, sobre todo porque tenía 34 años, y a pesar de que la frase venía de labios de un nene de nueve años, para el que seguramente era una vieja. Podría titular: la viejita del cierre, y así combinamos sus muchos años con la ternura del diminutivo, ternura quizás injustificada porque quién no me asegura que fuera una vieja de mierda: justo la que me dijo aquél nene y no había decidido contar, ahora ya está. Sí, me había dicho vieja de mierda, pero esa es otra historia que ya conté varias veces y creo que ahora no tiene sentido, al menos por ahora, salvo que algún día me anime a contar esa larga historia que título para abreviar: La Comunidad, nombre que tomé prestado del film de ese nombre dirigido por Alex de la Iglesia y que vi de casualidad en la tv en medio de una serie de sucesos que enseguida se aglutinaron cómodamente bajo ese título. Veo también que pienso mucho en los títulos. Mi anterior blog se llamaba Sin título, lo pensé en relación a las obras de arte nombradas así, y a la vez me daba libertad para publicar lo que me venía en ganas sin pensar que no era adecuado para ese espacio. Volviendo a lo de vieja, hace poco me lo gritaron putéandome con  desesperación.. Fue un conductor, del que sólo conocí la voz, porque pasó rápido cuando yo bajaba del cordón viniendo del chino, seguramente se asustó porque debo haber bajado muy jugada, la verdad no sentí ningún peligro, ni me di cuenta, pero al instante escuché ¡Vieja... y la puteada y vi un brazo gesticulando fuera del auto, todo esto cuando ya pasaba la otra esquina. Entonces, al instante de darme cuenta que las frases eran para mí grité lo más alto que pude: ¡¿qué te pasa pelotudo?! Sintiendo una inyección instantánea de adrenalina- quizás por miedo a que detenga su auto y me venga a pegar- que me dio risa nerviosa y a la vez liberadora. Obviamente al llegar a casa pensé: ¿en jogineta y todo doy tan vieja?y bue, ya tengo tantos años… y me sonreí viajando en el tiempo y pensando el acoso callejero que viví hasta los cuarenta más o menos, y ahora me putean, parece que el varón siempre se tiene que expresar; ahora ya casi ningún hombre me dice “piropos”, salvo un chau de un desconocido, un guiño, una frase tranquila, o como el  beso gestual dado por un taxista jovato una tarde de lluvia en Olivera, y cuyo recuerdo me provoca una sonrisa cómica. Yo tenía unos 45 años, iba a almorzar a lo de mi suegra, justo al bajar del colectivo comienza a llover, y no llevaba paraguas. Me quedaban unas diez cuadras por caminar, dudaba si tomarme un taxi, cuando veo uno detenido en el semáforo. Veo que el taxista me mira y en un gesto muy empalagoso, con caída de ojos y todo, se besa el índice y sopla ese besito invisible a mí. Mientras se abre el semáforo y los autos, entre ellos el taxi en cuestión, avanzan, me surge una carcajada y camino rauda a lo de mi suegra. Pensaba al caminar que hacía tiempo venía disfrutando la invisibilidad masculina por las calles, albañiles incluidos, y bue, el taxista me sorprendió. Y no puedo avanzar sin darle lugar a otro breve recuerdo que se encadena a lo dicho, con respecto a los albañiles: un día, venía del trabajo, y llegando a casa, había una obra, un albañil entraba unos materiales y otro montado en la caja de un camión descargaba otros. Por instinto dudé ¿paso por ahí? Recordando las veces que crucé calles en mi vida esquivando las obras. Me reí pensando que ya no había peligro. Recuerdo que tenía una remera gris claro con flores blancas que me quedaba un poco ajustada y que ahora todavía veo en casa hecha trapos para limpiar pinceles. Paso y el albañil que estaba en la vereda le grita al otro: ¡pará, que pase la señorita! Disimulé una sonrisa, que dudaba en transmitir o no en agradecimiento a cuidar que no me caiga nadie encima, y además me había dicho señorita, jaja. Todo venía bien, hasta que el otro desde el camión, que ya había visto que me había relojeado antes de pasar, grita: - dejo pasar a la vaca. Ésto escucho al dejarlos atrás. Como me pasó con el que me gritó cuando venía del chino, me enfurecí al instante, pero no dije nada, sólo apuré el paso sonrojada y gritando en mi mente y susurrando improperios y toda una serie de frases xenófobas, entre ellas la más leve era:¡ volvete a tu país!, lo que agregó combustible a mi malestar , digo esto de ver que frases puedo articular en un momento de ira. Empecé a pensar que mi sobrepeso era leve, al tiempo que me contestaba que una mujer gorda tampoco tenía que ser llamada así, vaca, y encima la culpa me hacía sentirme mala de pensar que al pobre animal que comemos y antes maltratamos, siendo tan manso y en India venerado, pero yo no estaba en India y que me griten vaca me aguijoneaba el ánimo, y encima no había sacado algo de este enojo al exterior, recién lo conté en terapia a los gritos, porque si lo compartía a mi marido, tenía miedo de ver qué me hubiera respondido, o qué efecto tendría. Como mis eternas dietas nunca mostraban mucho cambio, terminé por no sacar más la remera de flores a la calle.
   Punto aparte, volvamos a la anécdota de la señora y el cierre, que en este instante se empieza a dibujar de nuevo en la memoria. Había ido en febrero a caminar a la plaza de mañana, donde suelo caminar a paso vivo, lo más rápido posible y las ideas pasan , revolotean , languidecen, aparecen otras, dicen que es por las endorfinas. En la segunda vuelta veo a la distancia una pareja de viejitos caminando lento por el camino de baldosas, el mismo que lejos todavía y de frente a sus espaldas, recorro yo. Cuando me voy acercando, veo que ella tiene el vestido con el cierre totalmente bajo, se le ve la tira horizontal del corpiño y medias o la bombacha alta. El botón de arriba al comienzo del cierre está cerrado, entonces la abertura deja ver lo que dije. Obvio que se olvidó de subirlo pienso. Me voy acercando, dejando las ideas que transitaba pendientes, y ya debatiéndome qué hacer cuando esté cerca de la pareja, todavía faltan unos cuantos metros porque ellos también caminan y ya saben ustedes que tantas cosas pueden suceder en segundos, sobre todo en la mente. Al ver la pareja dudo en qué hacer , si avisarle a la mujer o no, me debato porque se me desparrama un arco de ideas de cómo interpretar el hecho, primero pienso desde un costado moral, que está mal dejar a la mujer sin avisarle, también pienso qué pasaría si yo fuera esa mujer, y en ese momento pienso que quizás ni me importaría, pero gana la idea de avisarle y cuando me voy acercando, me asalta otra idea: ¿y si ya sabe que su vestido tiene el cierre roto y no lo sabe arreglar y no tiene dinero para cambiarlo? Y ¿si yo le aviso y la incomodo? Y ¿si le aviso y me dice que se dio cuenta , y que ya se va a su casa, me agradece pero se avergüenza? y ¿si le digo y me dice que está a su aire, que no sea tan purista o hasta puritana? Pienso todo esto y en pleno torbellino tomo insegura la decisión de pasarlos como alambre caído, cuando - ni bien lo hago- escucho el siguiente diálogo comenzado por la voz de una señora que balbucea algo del cierre, a lo que le responde otra con un excitado ¡¡¡Gracias!!!, se ríen , detenidos y hablando los tres, esa imagen me queda de verlos – dándome vuelta al fin- en el momento en que una mujer le está subiendo el cierre a la señora. Pienso al retomar la caminata que la originalidad es atractiva, la frondosidad de ideas embriaga, pero qué útil es a veces el sentido común. Y ahora, que tengo que titular el escrito, le pongo todo eso que palpita entre las palabras.


                                                               A.C